En ocasiones las palabras se nos atragantan. Se nos forma irremediablemente un nudo en la lengua que nos impide, normalmente y en virtud de la Ley de Murphy, pronunciar correctamente en los momentos menos adecuados.
Pero también hay veces en que, humildemente, nos aceptamos y hablamos simplemente como sabemos. Y ese es el caso de nuestra protagonista. Ella se aviene a lo que a tantos otros nos da vergüenza, y suelta alegremente curiosos “palabros seminventados”, añadiendo una coletilla a través de la cual se adelanta a su error reconociéndolo.
Como el movimiento se demuestra andando, pongo dos claros ejemplos de lo que comentaba más arriba:
- Mi hijo ha aprobado la “SESTIVILIDAD” esa que yo no sé decirlo.
- ¿Te han pagado la “ANÓNIMA” esa que yo no sé decirlo?.
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